Infinitas gracias le doy por el tiempo que habéis consagrado a ilustrarme sobre las artes y costumbres de la damisela en cuestión.
Este es, a no dudarlo, el noble proceder que uno aguarda hallar en esta cofradía, donde todos, en algún momento de nuestras andanzas, hemos sido discretos testigos o generosos valedores. Lo que en verdad importa, señores míos, es socorrernos los unos a los otros, aun en lances de tan peculiar naturaleza.
Quedo en extremo agradecido por vuestras discretas respuestas. Ha quedado ante mis ojos tan claro como la luz del día que, de no ser por vuestro aviso, caminaba yo desatentado hacia un despeñadero absoluto.