De ninguna manera mi ánimo ha sido dar a entender que vuestra merced fuera inclinado a tales menesteres, sino solo poner en claro la identidad de la damisela que nos ocupa.
A la verdad, soy hombre que halla gran gusto en las mujeres de carnes generosas; y la que os menté, a juzgar por los retratos que de ella se muestran, sosiega y contenta del todo mis más terrenales apetitos. Con todo, no es de hidalgos aventurarse a ciegas, y me es menester tener alguna certidumbre de cómo ha de resultar tan alta experiencia.
Agradezco las líneas que os habéis dignado escribirme, en las cuales me aconsejáis buscar fortuna en los lares de P.E. y S.S.; mas, por mi desdicha, he de confesar que en pasados intentos sufrí gran desengaño y salí de allí con el ánimo compungido.
Quedo, por siempre, obligado y agradecido por vuestra atenta respuesta