Ignacia o Magda (o como sea)
What’s in a name? That which we call a rose
By any other word would smell as sweet.
William Shakespeare, Romeo and Juliet (Acto II, Escena 2)
Estimados estokadores, saludos. Me siento en la obligación de narrarles mi experiencia con Ignacia, tras otro paso breve por este país tan lindo. Obsérvese que digo experiencia y no reporte, primero, porque soy realmente malo en esto último, y además (y por sobre todo) porque la hora y un poco más que viví al lado de esta mujer, es simplemente imposible de reportar, en el mejor de los casos, solo se pudiera intentar narrar. Por ende, la muy lógica y reproducible “Tabla LEK” queda, a mi modo de ver, limitada, pobre y escueta a la hora de decir su hacer. De hecho, encontrar las palabras precisas que sean útiles para contar esta experiencia es harto difícil.
Cuanto más pudiera decirles es que ella es ese tipo de mujer, en la cual se nos hace difícil medirnos como hombres, con las cuales el concepto de “macho man” y cuestiones tan sensiblemente reales como la virilidad, el amor propio y el ego, pues, simplemente, pierden peso específico y se esfuman. Ella, literal y metafóricamente, te desnuda, por fuera y por dentro, te desarma.
No sé si fui afortunado, pues me trató como si me conociera de toda una vida, algo imposible por mi origen y procedencia. Tras un año de intentar verla personalmente y visitarla, y tras varios escasos y breves contactos telefónicos, de pronto me di cuenta, cuando intercambiamos los primeros saludos, de que nos conocíamos de toda una vida, o quizás de la anterior.
No necesito explicar lo que sabe hacer y cómo me hizo sentir como hombre, pues otros lo hacen de forma más amena y mejor que yo, sino porque, además, de cierto modo quisiera conservarlo para mí mismo, y les ruego me disculpen el egoísmo. Yo no hice nada meritorio de contar, solo intentar infructuosamente estar a su altura, algo que, como deben suponer quienes la conocen, me fue imposible. Sólo sé que fue una hora, o un siglo quizás, o no sé si mi reloj se detuvo, pero con ella me pareció que me encontraba más allá de las simples dimensiones de tiempo y espacio.
Fui a visitar una dama de compañía, y me encontré con toda una MUJER. Fui a buscar sexo, con la natural lujuria y el deseo a flor de piel… y casi que hice el amor, de modo surreal, idílico. Fue este tiempo pasado a su lado la evidencia palpable de que los precios, los adicionales; los reportes y las numerosas entradas y opiniones, son, a veces, no más que meras estadísticas, y una forma trunca de reflejar la realidad.
En fin, y a modo de conclusión, si se busca una scort, pues aquí en LEK hay más de cien actualmente, de variados físicos y precios. Pero, si se busca algo más, mucho más, entre lo sutil y lo palpable, entre lo real y lo imaginario, entre lo posible y lo increíble, entonces pues.....el resto es silencio....ya todo está dicho.
Por último, les ruego por favor no me acusen de estar “empotado”, pues a mi edad no me puedo dar esos lujos, y además creo no ser capaz de merecer su atención. No sé si tenga el coraje de volver a visitarla, pero eso sí, lo que ciertamente me será imposible el olvidarla. Gracias, Ignacia, por al fin poderme dedicar una hora de tu limitado tiempo, pues para mí fue un año de mi vida….y te quedaste, que no te quepan dudas. Besos para tí, mi inigualable 1 %......