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Carolina De Angeles Spa

Mensajes recomendados

Publicado (editado)

Datos Generales:

Templo: Angeles Spa
Ubicación: Metro Tobalaba
Lugar: Departamento en edificio de uso mixto
Tipo: centro de masajes

Precio: 40.000 masaje normal con oral y/o manual
Conserje: Solo pregunta el piso e indica el ascensor
Horario: Fui a eso de las 18 hrs.
Comunicación: WhatsApp
Ambiente y Recepción: No había nadie más en el departamento. La recepción fue normal.


NOTAS DEL SERVICIO (Escala de 1 a 7)
Musa: Carolina (colombiana)

Nivel de Empotamiento: 0
Edad: Cercana a los 50. Si me dicen que tiene 40, como ella se promociona, diría que esta hecha mierda.
Estatura: 1.55 a 1.60 cm.
Contextura: Delgadicima. Detalles mas abajo.
Cara: Arrugada. Detalles mas abajo
Nivel de Phothoshop: 299%. Son fotos de una Carolina de una realidad alterna.
Trato: Cordial tirando a frío. Solo es un servicio para ella y se nota.
Masaje: Adecuado. No destaco nada.
Sensitivo: Normal. Nada que destacar.
Besos: No da. No los busqué.
Pechos: Inexistentes
Cola: Nalgas pequeñas, flacas y tatuadas

Oral: Normal.
Movimientos Pélvicos: No aplica.
Expresividad y sonidos: 0. No hubo roces, gemidos, susurros, conversación. Nada.
Atención General: 2,0


REPORTE

Un día en que la calentura pudo más que la razón, me puse a cotizar masajes cerca de la estación de Metro Tobalaba. Tras 15 minutos sin recibir respuesta de mis chicas habituales, decidí probar suerte en la sección de masajes y encontré "Ángeles Spa", ubicado en Hernando de Aguirre, a solo 150 metros del metro.

Al contactarlos por WhatsApp me enviaron la lista de precios: 40 mil pesos por el masaje normal con oral y 80 mil por el servicio full. Pregunté quién estaba disponible y me mandaron las fotos de Carolina, una atractiva y voluptuosa mujer que ya había visto en varios centros, reconocible por un tatuaje de ondas estilo neotradicional japonés en los glúteos. Aunque insistí en saber si había alguien más, me dijeron que el resto tenía la agenda llena. Al confirmar mi visita, me respondieron con un "no te arrepentirás", frase que de inmediato me generó desconfianza; pero la suerte ya estaba echada.

Al llegar al edificio, el ambiente exterior no era el mejor: en un costado había entre 10 y 15 repartidores de aplicaciones fumando marihuana, tomando alcohol y hablando a gritos. Entré al recinto y la conserje, sin pedirme datos ni hacer preguntas, solo me indicó el piso. Al tocar el timbre del departamento, escuché que llamaban a Carolina a través del sistema de cámaras y, a los pocos segundos, me abrieron.

Al entrar, la sorpresa fue mayúscula. Carolina resultó ser una mujer que rozaba los 50 años y el paso del tiempo era evidente en su rostro, profundamente arrugado en la frente, el contorno de los labios, los ojos y el cuello. Vestía un conjunto deportivo tan holgado que ocultaba por completo su silueta. Me dirigió a una habitación equipada con caño, sillón tántrico, camilla y un colchón en el piso. Tras semejante decepción, le pedí el servicio básico de 40 mil. Ella me indicó que iría a prepararse. El cuarto tenía luz tenue, un extraño espejo a ras de suelo junto al colchón y un termoventilador al máximo que lo transformaba en un sauna. Hacía frío ese día, pero no tanto como para estar a 50 grados.

Cuando regresó, todavía vestida, me pidió que me desnudara y me recostara. Desconcertado, le pregunté si podía ducharme. "Ah, bueno, si te quieres duchar te traigo una toalla", me contestó. Por cortesía e higiene siempre me ducho antes, pero era la primera vez que no me lo ofrecían de entrada y tenía que solicitarlo.

Después de la ducha, me tendí en el colchón. Doña Carolina se sentó a mi lado, aún vestida, y comenzó a aplicarme aceite. A los pocos minutos le pregunté si atendería así; me respondió que tenía frío pero que ya se desvestiría. Al quedarse sin ropa, la decepción fue total. Su cuerpo era extremadamente delgado y demacrado. No tenía senos y sus glúteos eran pequeños y planos. Las fotos correspondían a una Carolina de hacía diez años o más; su figura actual evidenciaba una delgadez poco saludable, no producto de ejercicio o dieta.

El masaje fue lo mejor dentro de esta pésima sesión. Tenía buena técnica, fuerza adecuada y delicadeza, pero carecía por completo de erotismo: no se subió sobre mí ni aplicó frotaciones, susurros o besos. El sexo oral, realizado con preservativo, tuvo una técnica aceptable pero sin mayor esmero. Tras varios minutos, me retiró el condón y comenzó a masturbarme para agilizar el final. Para su pesar, soy de carrera larga. Cuando el tiempo ya se agotaba, le pedí terminar con oral; se colocó un nuevo preservativo y, tras unos minutos, eyaculé.

Ducha de rigor, pago y directo a casa.

¿Volvería?

No volvería ni aunque fuese el último centro de masajes de la tierra. Mala experiencia.

Editado por okzix
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