Fui, pagué. La prostituta me dice: “No te atiendo, ven mañana”.
Le pido que me devuelva el dinero. Me responde que no.
Insisto. Entonces me dice: “Te pago mañana” y acto seguido saca el cinturón de la muerte.
En ese momento entendí que no estaba contratando un servicio: estaba financiando una experiencia interactiva de frustración, extorsión y cardio.
Resultado final: pagué por algo que no recibí, me quedé sin plata, con ganas de llamar a mi terapeuta y a un abogado, y además tuve que retirarme a máxima velocidad para evitar un cinturazo.
Hay que reconocerle el talento comercial: logró que me fuera insatisfecho, empobrecido y agradecido de seguir consciente. Eso sí que es fidelización de clientes al revés.