Reporte de hace un dos semanas
Llegué a su edificio, saludo al conserje y pa’ dentro
Toco la puerta y ella me abre y la veo con un babydoll negro, casi lista para la batalla.
Nos agarramos a besos en la entrada, como si no hubiera un mañana, mis manos recorrían su figura, se detenían en sus nalgas, yo más caliente que el cambio climático bajé a sus pechos y comencé a degustar eso pezones exquisitos.
Ella me dijo si quería partir con la segunda parte, y yo le dije que sólo la estaba saludando.
Se cagó de la risa y me mandó raudo a la ducha, la que me di con agua bien helada para bajar la presión sanguínea.
Volví y me tiré boca abajo en la camilla, ella comenzó su masaje con mucho aceite y dedicación, yo disfrutaba de sus manos y la relajación hizo su efecto, mientras hablábamos de lo divino y profano.
En un momento cambió el ritmo del masaje y pasó a ser más insinuante, sus manos se detenían en mis partes erógenas, ahora entró su boca a trabajar, ni hablar de su lengua, uffffffff, la relajación se fue a la cresta y mi excitación subía.
“date vuelta”, me dijo, y mi miembro ya estaba duro como piedra. Ella estaba completamente desnuda, se acerca y me besa con pasión, mientras su mano con aceite agarra mi verga y comienza a frotarla con fruición. Constanza sube a la camilla y empieza a frotar su cuerpo sobre el mío, el aceite ayudaba a que el frenesí y la calentura subieran la temperatura de su cuarto.
Yo no daba más y le pedí que se acostara ella en la camilla, ella accede y me la comí entera. No hubo parte de su cuerpo que mi lengua no la recorriera, ella gemía de placer y ya era tiempo de votar toda la tensión acumulada.
Ella como toda una experta me ofrece una carta de posibilidades para llegar al paroxismo, y creo que escogí la indicada.
Explotamos de placer, ya exhaustos descansamos un poco, me ofrece agüita helada, conversamos un poco y me fui a la ducha.
Ya vestido me despido sin dejar de besar sus labios y sus enormes tetas que tiene. Me despido y me pide volver, por mí me hubiera quedado para una segunda sesión, pero el deber me llama.
Salí con una sonrisa de oreja a oreja.
Si lees esto Constanza gracias por tu sensualidad de mujer.